Descripción
Frida no posa—habita. Los jeans desgastados, manchados de pintura y tierra, cuentan lo que su mirada no necesita decir: aquí no hay dicotomía entre lo ancestral y lo moderno, solo un cuerpo que se ha negado a romperse. El mono, sentado sobre su hombro como un pequeño dios travieso, le susurra algo al oído. Quizá un chisme, quizá un secreto del viejo México. Ella sonríe, no con dulzura, sino con esa ironía sagaz de quién sabe que el dolor y la belleza son hilos del mismo tejido.




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